Kiosko LAEL (Bodega)
Hay decisiones que se toman en silencio, pero que definen el rumbo de toda una vida. En el año 2000, Luis Alfonso tomó una de ellas: dejar atrás la dependencia laboral. Cansado de trabajar para otros, se prometió a sí mismo que su esfuerzo y el de su familia tendrían un dueño propio.
Así comenzó un recorrido que lo llevó a estar al volante. Fueron 18 años como taxista, un oficio que le enseñó de constancia, del valor de la calle y de la importancia de levantarse cada día con un propósito. Pero los sueños grandes siempre exigen dar un paso más allá.
Hace unos años, con la fuerza de la experiencia y la ayuda de Dios, Luis Alfonso decidió cambiar de carril. Dejó las cuatro ruedas del taxi para levantar las persianas de su propio negocio, apostando por lo propio.
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